9.27.2006

Y murió en un retrete. Un sucio y mugriento urinario de paredes ennegrecidas y suelo pegajoso. Se fue mientras "hablaba" con una monja, ahora ya no tan casta. Ella le susurraba al oído eróticas blasfemias mientras él le buscaba por debajo de la falda. Preciosos ojos grises enmarcados en negro azabache, resistente al agua, que cuando te miraban sentías las manos de Dios arropandote entre sus nudillos. Entre tanta irreverencia el lavabo se fue llenando de vaho demoníaco. Las paredes lloraban y el falso espejo se ruborizaba. El suelo se cubría con mil gotas de culpabilidad. Y entonces, un traspié, una caída, la cabeza golpeando en la taza (que se rompe con el impacto), un cadáver en el suelo. Una monja que abandona la escena dando la espalda a Dios.

1 comment:

Pánica Bara said...

jajajja......Viva La Muerte y Bienvenida la Parca cuando es asi!!! me haces reir...que bueno!!